Hoy me había puesto unas braguitas rosas con volantes porque sé que le gustan. Estaba cansada de jugar a la pelota en la cancha, solo quería tener una buena excusa para verlo a solas. ``¿A qué estás esperando?´´me preguntaba mientras lo miraba. Tenía tantas ganas.
La clase empezó a transcurrir y él dijo que tendríamos clase libre la última media hora que quedaba. Los chicos empezaron a jugar al balón. Supongo que sería baloncesto o fútbol. Me daba igual. Solo me importaba verlo a él. A Jaime se le escapó la pelota fuera y me pareció una excusa perfecta para salir de allí. ``Voy yo a por el balón´´grité mientras lo miraba. Empezó a acercarse hacia a mí y me dijo que me acompañaba. Lo supe. Lo noté en sus ojos y en sus pantalones.
Empezamos a caminar hacia el callejón que se encuentra entre la cancha y el lagar. Todo era maravilloso. Él, el sitio y mis ganas.
-Necesitaba verte. Otra vez. Te tengo tantas ganas.- me susurraba en el oído.- ¿Crees que aquí nos verán?
-No, este sitio es perfecto. ¿No lo ves? No hay nadie.- le respondí.
Empezó a desabrocharse el pantalón que llevaba. Hoy tenía unas bermudas color verde militar y una camiseta de manga corta blanca. Yo me levantaba la falda del uniforme para dejar entrever esas braguitas que tanto le gustaban. Escuché como suspiraba al verlas. Dejó su trabajo a un lado para pasar a hacer el mío. Mientras yo le agarraba la polla con mis manos, él me bajaba las braguitas y me tocaba. Nunca olvidaré la sensación que estaba sintiendo al cogérsela. Era firme, era grande, era gorda. Y era mía.
Mis braguitas por los tobillos, sus pantalones por debajo de las rodillas. Me apretaba muy fuerte contra él para no desperdiciar ni un segundo de esa media hora de clase libre. Me gustaba como olía. Me gustaba como me tocaba. Me gustaba como me agarraba del pelo que hoy me había recogido para ir a su clase de educación física.